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Todo el
mundo sabe por qué lo bello es bello,
y así
nace el concepto de fealdad.
Todos saben identificar claramente lo que es
bueno,
y de
esta manera surge lo malo.
Ser y no-ser se engendran
pues mutuamente.
Igual
que lo difícil y lo fácil,
lo largo
y lo corto,
lo alto
y lo bajo,
el
sentido y el sonido,
el antes
y el después.
Es una
ley constante.
Por eso
el sabio actúa sin actuar (wu wei)
y enseña
sin palabras.
Todas
las cosas aparecen sin su intervención,
él las
ayuda a crecer sin tenerse por su benefactor,
y,
triunfando en ello,
no se
adjudica el mérito.
Esto
justamente es lo que hace
que el
mérito nunca le abandone.
(c) 33 Ediciones
(c) Rafael Heka
Disponible en http://www.33ediciones.com/12.html

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