sábado, 14 de febrero de 2015

Tao King 01


   Publicar un Tao es una manera en sí misma de caminar, comprender y difundir el Tao.
   Hay múltiples versiones, múltiples traducciones, y todas, absolutamente todas, permiten transitar por la inefable senda que construyen estas enigmáticas 81 sentencias. Es como una especie de calidoscopio arquetípico universal, capaz de girar en cualquier dirección mostrando múltiples caras sin perder su utilidad intrínseca.
   Se ha deformado en libros de autoayuda, de desarrollo empresarial, de estrategia militar, y siempre ha seguido aportándonos una vía. La vía. Una herramienta indiscutible en la construcción del espíritu humano elevado y sabio.
   Tao (a partir de ahora en cursiva) significa camino, senda. La trascendente calzada espiritual que se ha de recorrer en pos del wu wei (hacer sin hacer) para conseguir así la sabia integración en el decurso espontáneo de los acontecimientos. Un proceder que adquiere su máxima expresión al amoldarse finalmente el hombre a la naturaleza. (Los 37 primeros ideogramas constituyen el Libro del Tao)
   Te (virtud) expresa cómo adecuarse correctamente al Tao (Libro del Te de la 38 a la 81).
   En cuanto a King se añadió posteriormente con la traducción de Libro Clásico o Ancestral.
   Quién fue su autor tampoco está exento de teorías, hasta las hay en donde Lao Tse pinta bien poco. Permítanme en este punto que de todo este marasmo de eruditas conjeturas autóctonas y foráneas decida la que sigue, y que, con ella, termine de explicarse también la trascendencia de su obra y esta breve introducción. Breve, les aseguro, porque con textos como éste mejor que sea el lector el que lo afronte sin apenas información a fin de saborear una experiencia más viva y personal.
   Lo que queda, ya sólo a ustedes corresponde: hoyar la  esencia del Tao, y, si son virtuosos, alcanzar el wu wei. Que les sea de utilidad.
Rafael Heka


1
El Tao que puede se expresado
no es el Tao verdadero.
El nombre con el que se le conoce
tampoco puede considerarse su auténtico nombre.
Así, sin él, es padre del Universo,
y con él madre de todos los seres.
La permanente ausencia de deseo
permite acercarnos a su esencia,
mientras que la presencia de deseo
sólo deja ver su limitada apariencia.
Ambas (ausencia y presencia)
ostentan el mismo origen
y distintos nombres de una misma realidad.
Realidad que finalmente resulta ser el misterio,
capaz de abrir las puertas a toda maravilla.

(c) 33 Ediciones
(c) Rafael Heka